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Síndrome de la impostora: cuando sientes que no perteneces

Esa voz que dice que no mereces estar ahí no siempre cuenta la verdad. Cómo reconocerla, separarla de la exclusión real y responderle con evidencia.

Mujer de espaldas con abrigo gris observa a un grupo de colegas que conversa en un vestíbulo
Foto: Alena Darmel / Pexels

Te dieron el puesto, te aceptaron en el programa, te felicitaron por el proyecto… y aun así una voz te dice que fue suerte y que pronto alguien se dará cuenta de que “no eres para tanto”. Eso que muchas llaman síndrome de la impostora es muy común, y tiene más que ver con tu contexto de lo que te han contado.

Si eres la primera de tu familia en ir a la universidad, en trabajar en una oficina o en llegar a cierto puesto, es posible que conozcas bien esa sensación de estar “de prestado”. Y si además eres la única latina en la sala, la sensación puede ser todavía más fuerte. En este artículo vamos a entender qué es, qué no es y qué puedes hacer con ella.

¿Qué es el síndrome de la impostora?

En 1978, las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes describieron lo que llamaron “fenómeno del impostor”: personas con logros claros que, sin embargo, sienten que no los merecen y viven con miedo a ser “descubiertas”. Con los años se popularizó como síndrome del impostor (o de la impostora, cuando hablamos de mujeres).

Es importante saber que no es un diagnóstico médico ni una enfermedad. Es una manera de describir un patrón de pensamientos y emociones. Algunas señales frecuentes:

  • Atribuyes tus éxitos a la suerte, al momento o a que “les caíste bien”.
  • Cualquier error te parece prueba de que no sirves.
  • Te preparas de más, por miedo a que te pregunten algo que no sepas.
  • Te cuesta aceptar un elogio sin quitarle importancia.
  • Evitas postularte a oportunidades si no cumples el cien por ciento de los requisitos.

Muchas de estas señales se cruzan con el perfeccionismo, esa exigencia de poder con todo para valer.

Ser “la primera” o “la única”: por qué pesa más

Cuando nadie en tu familia ha recorrido el camino que estás recorriendo, te faltan mapas. No sabes las reglas no escritas: cómo se habla en una reunión, a quién se le pide consejo, qué significa cierto correo. Ese desconocimiento no es falta de capacidad; es falta de información que otras personas recibieron desde niñas en la mesa de su casa.

Ser la única latina, la única mujer o la única persona con acento en un espacio también cambia las cosas. Sientes que te observan más, que un error tuyo “cuenta doble”, que representas a más gente que a ti misma. Esa presión es real, y agota.

A esto se suman mensajes que quizá escuchaste en casa con todo el cariño: “no presumas”, “no te creas mucho”, “da gracias de que te dieron la oportunidad”. Tienen su raíz en la humildad y en el cuidado, pero pueden hacer que te cueste reconocer lo que has construido con tu esfuerzo.

¿Duda interna o exclusión real? Aprende a distinguir

Aquí está una de las ideas más importantes. En 2021, un artículo publicado en Harvard Business Review advirtió que llamar “síndrome del impostor” a todo lo que sienten las mujeres puede esconder un problema mayor: a veces la sensación de no pertenecer viene de ambientes que de verdad excluyen, sobre todo a las mujeres de color. En esos casos, el problema no está en tu cabeza.

Algunas preguntas para distinguir:

  • ¿Qué dicen los hechos? Si tus evaluaciones son buenas y tus resultados también, pero tú te sientes un fraude, probablemente se trata de duda interna.
  • ¿Cómo te tratan? Si te interrumpen constantemente, se atribuyen tus ideas, te confunden con otra persona latina o comentan tu acento, eso es un trato injusto, no una percepción tuya.
  • ¿Te pasa en todos lados? Si la sensación aparece solo en un equipo o con cierta persona, vale la pena mirar ese ambiente con atención.

Muchas veces son las dos cosas a la vez. Nombrar cada una por separado te ayuda a saber qué trabajar en ti y qué señalar, documentar o cambiar afuera.

Herramientas prácticas para responderle a esa voz

Crea tu archivo de evidencias

Abre una carpeta (en papel, en tu correo o en tu teléfono) donde guardes mensajes de agradecimiento, buenos resultados, problemas que resolviste y comentarios positivos. Cuando la voz diga “fue suerte”, tendrás datos concretos para contestarle. Además, te servirá cuando pidas un aumento o un ascenso.

Busca mentoras y compañeras de camino

Una mentora te explica las reglas no escritas. Una colega de confianza te dice “eso que sientes también me pasó”. Hablar del tema en voz alta le quita mucha fuerza, porque descubres que no eres la única.

Cambia “no sé” por “todavía estoy aprendiendo”

Nadie llega sabiendo todo. Preguntar es parte del trabajo, no una confesión de que no mereces estar ahí.

Recibe el elogio completo

La próxima vez que alguien reconozca tu trabajo, intenta decir solo “gracias, me esforcé mucho en eso”. Sin “no fue nada”, sin “me ayudaron”. Si hubo equipo, nómbralo también, pero sin borrarte.

Si quieres profundizar, aquí tienes siete prácticas para construir confianza en ti misma.

Cuando el síndrome de la impostora te frena

El riesgo más grande no es la sensación en sí, sino lo que dejas de hacer por ella: no te postulas a la vacante, no levantas la mano, no pides lo que te corresponde. Si notas que esto te pasa, prueba una regla sencilla: postúlate cuando cumplas con buena parte de los requisitos, no con todos. Deja que otras personas decidan si eres adecuada; no te descartes tú primero.

Y si ya estás liderando, puedes hacer mucho por otras: explicar las reglas no escritas, recomendar a compañeras y reconocer sus ideas en público. Lo contamos en nuestra guía sobre liderazgo femenino con tu propio estilo.

Si la duda constante viene acompañada de ansiedad fuerte, tristeza que no se va o problemas para dormir, vale la pena hablarlo con una profesional de la salud mental.

Estás en ese lugar porque hiciste el camino. Llegar primero no es lo mismo que no pertenecer.

Un pequeño paso para hoy

  1. Crea una carpeta o nota llamada “Mis evidencias”.
  2. Escribe tres logros de los últimos doce meses, con un dato concreto cada uno (qué hiciste y qué cambió gracias a eso).
  3. Busca en tu correo o tus mensajes un comentario positivo que te hayan dado y guárdalo ahí.
  4. Pon un recordatorio mensual para añadir algo nuevo.

Para tu cafecito

  • ¿En qué lugares te sientes “de prestado”, y en cuáles te sientes en casa?
  • ¿Qué mensaje sobre el éxito aprendiste en tu familia, y cuál quieres quedarte?
  • ¿Qué le dirías a una amiga que sintiera lo mismo que tú?

Preguntas frecuentes

¿El síndrome de la impostora es una enfermedad?

No. Es una forma de describir un patrón de pensamientos, no un diagnóstico médico. Aun así, si te genera mucho malestar, una terapeuta puede ayudarte a trabajarlo.

¿Por qué les pasa tanto a las mujeres?

No es algo exclusivo de las mujeres. Pero muchas crecimos con mensajes de modestia y en espacios donde no veíamos a otras como nosotras en puestos de poder. Eso hace más fácil dudar de si pertenecemos.

¿Se quita alguna vez?

Para muchas personas la voz no desaparece del todo, pero pierde fuerza cuando la reconoces, la hablas con alguien y actúas a pesar de ella. Puedes encontrar más ideas en nuestra sección de Carrera.

Fuentes consultadas

La Voz de la Mujer es una revista digital en español para mujeres latinas, con raíces en Las Vegas desde 2005. Actualizamos nuestras guías con fuentes confiables y un lenguaje cercano. Conoce nuestros criterios editoriales o escríbenos si encuentras un error.